jueves, 25 de marzo de 2010

Terapias alternativas en la consulta del médico

(Extraído de ABC, 13/2/2010)

13-2-2010 10:51:15

En 1810 el médico alemán Samuel Hahnemann, que había renegado años antes de la medicina al uso, publicó su peculiar forma de combatir la enfermedad. Si la medicina oficial trataba de contrarrestar los síntomas mediante sangrías, purgas o enemas, en ocasiones con más perjuicio que alivio, Hahnemann proponía administrar sustancias que provocaran síntomas semejantes («similia similibus curantur»). Su nuevo arte de curar, al que llamó homeopatía, ganó rápidamente adeptos entre los galenos y ha llegado hasta nuestros días en muchos países europeos, en especial Alemania, donde surgió.
Aunque la forma de proceder de la medicina moderna -que ya no trata de contrarrestar los síntomas sino de detener los procesos patológicos que los originan- sea muy diferente de la de principios del siglo XIX, ahora, como entonces, un número significativo de personas y médicos, buscan alternativas a una excesiva medicalización, recurriendo a ésta y otras terapias alternativas, que en muchos casos no han probado de manera inequívoca su eficacia y cuyo ejercicio no garantiza siempre estar en manos de un profesional debidamente cualificado. La Organización Mundial de la Salud, recomendó en 2002 la regulación de las terapias alternativas y complementarias «dada la escasez de datos científicos sobre su inocuidad y eficacia». Para ello proponía formular una política y una reglamentación en cada país que garantizase su buen uso.
La Generalitat de Cataluña fue la primera autonomía en intentar regular un total de trece terapias naturales, mediante un Decreto aprobado en 2007 que fue anulado en junio del año pasado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña porque reconocía «el ejercicio de actividades materialmente sanitarias a profesionales no sanitarios en establecimientos no sanitarios».
Ahora es la Organización Médica Colegial (OMC) la que ha decidido considerar la homeopatía un acto médico, «para concienciar a quienes recurren a esta terapia de que lo hagan con profesionales médicos que hayan acreditado una formación en medicina y otra posterior en homeopatía», explica Cosme Naveda, portavoz de la OMC en terapias complementarias. Y es que una de las preocupaciones de esta organización médica es que «quien acuda a un homeópata no reciba un diagnóstico excluyente sino integrativo de la medicina convencional y de la homeopática. ¿Quién puede hacer ese diagnóstico? Sólo un médico formado en ambos campos. Es imposible que un homeópata no médico pueda hacerlo, con el gravísimo riesgo de cometer un error por omisión, por retraso en el diagnóstico y en la aplicación del tratamiento adecuado», explica Naveda. Otra razón que esgrime es que «los preparados homeopáticos son medicamentos según nuestra legislación y los deben prescribir los médicos tras un diagnóstico y las pruebas clínicas pertinentes».
Asignatura pendiente
Esta decisión de la OMC, ¿significa el reconocimiento de la eficacia de la homeopatía? De momento sólo se pretende regular su ejercicio. La demostración de eficacia es aún la asignatura pendiente, como explica Naveda: «La OMC es plenamente consciente de que sobre la eficacia de la homeopatía hay aún grandes controversias y grandes detractores. El reconocimiento vendrá dado tras la demostración científica de su efectividad a través de los estudios pertinentes, elaborados con el suficiente rigor y la adecuada metodología. Ésta es una labor que les queda por hacer a las sociedades que agrupan a los médicos homeópatas», explica.
Desde la Sociedad Española de Homeopatía, con sede en el colegio de Médicos de Valladolid, su presidenta, Dolores Tremiño, argumenta que «hay ya muchos trabajos científicos que demuestran que la homeopatía es eficaz. Aparte lleva más de doscientos años practicándose. Si no fuera eficaz la gente no recurriría a ella. Y se ha demostrado que su efecto es diferente al del placebo». Sin embargo, no destaca ningún estudio en particular que lo demuestre.
Explica Tremiño que aún se desconoce el mecanismo que hace eficaces a los remedios homeopáticos, que son el resultado de repetir hasta 30 veces una dilución 1/100, en la que una gota de producto se diluye en 99 de agua. A su vez una gota de esta solución ya diluida se disuelve en otras 99 de agua. Y así hasta 30 veces en algunos casos. Para hacernos una idea, el resultado de repetir 12 veces ese proceso sería como poner una gota de producto en el Atlántico. Científicamente puede considerarse que no queda ni rastro de la sustancia inicial, pero «queda la información del producto de base. Acabo de recibir un artículo que habla de cómo la composición del agua puede guardar la memoria de la sustancia de la que has partido. Pero eso está por demostrar», admite Tremiño.
En el centro de salud
Mientras llega esa demostración de efectividad que demanda la OMC, la homeopatía se abre paso en las consultas de la red pública. En el centro de Salud Delicias Sur, de Zaragoza, los usuarios pueden recibir el consejo de un homeópata desde hace más de un año «con resultados satisfactorios», precisa Ángel Antoñanzas, coordinador del centro. Incluso tienen lista de espera para esta consulta que llevan médicos en prácticas de la Universidad de Zaragoza después de hacer un curso de especialización en Homeopatía. Alergias, enfermedades reumáticas y respiratorias crónicas o dermatitis infantiles cosechan los mejores resultados, dice Antoñanzas. Suele ser el médico de familia o el pediatra el que deriva a los pacientes, aunque otros lo solicitan directamente.
La medicina privada se hace eco también de esta demanda creciente, como explica Ignacio Ferrando, director de Comunicación Médica de Sanitas: «No están cubiertas por las pólizas, porque aceptamos lo que la Agencia Española de Evaluación de Tecnologías Sanitarias reconoce al respecto. Pero es una demanda social y respetamos el principio de autonomía del paciente y por eso se incluyen dentro de Mundo Salud, una empresa que ofrece servicios relacionados con el bienestar, porque entendemos la salud en el sentido amplio de la OMS, como un estado de bienestar», aclara.
Junto a la homeopatía, están disponibles osteopatía y reiki, entre otras, «siempre con la garantía de que quienes las practican son profesionales sanitarios con formación adecuada y acreditación en su colegio profesional respectivo», recalca Ferrando.
La homeopatía no es la única «terapia no convencional» que se instala junto a la medicina oficial. El Centro de Atención Primaria Sagrada Familia, de Barcelona, ofrece además flores de Bach y acupuntura a cargo de una enfermera. En este caso, la única conexión que tienen con el sistema público es que están ubicadas en el mismo edificio, pero se pagan las tarifas estipuladas para cada terapia, aclara Carlos Romero, coordinador de terapias complementarias del Sagrada Familia. El precedente fue una consulta de odontología abierta en el centro y luego le siguieron las terapias alternativas. Este semestre quieren incluir la osteopatía. Romero señala que dada la demanda, creyeron positivo para el centro ofrecerlas fuera del servicio público y algo más baratas, aunque sin hacer competencia desleal.
Acupuntura en los hospitales
Los hospitales de la red pública de salud también han abierto su repertorio a las «complementarias». Hace ya cuatro años que el Virgen de las Nieves incorporó esta técnica para luchar contra el dolor. Fue la primera vez que en la sanidad pública se contrató específicamente a una médico acupuntora, aunque esta terapia la habían estrenado previamente otros dos centros andaluces, el Virgen del Rocío, de Sevilla, y el Reina Sofía, de Córdoba.
El Servicio Andaluz de Salud impulsó su incorporación ante las evidencias científicas de sus beneficios, demostrados con metaanálisis publicados en «Pain», la principal revista médica del dolor, señala Rafael Gálvez, responsable de la Unidad del Dolor y Cuidados Paliativos del Virgen de las Nieves. En la Unidad se tratan mediante acupuntura la lumbalgia crónica o el dolor postoperatorio en intervenciones de columna. «Se utiliza como complemento al tratamiento farmacológico, que suele reducirse por la mejoría experimentada con esta técnica», aclara Gálvez. El uso de analgésicos puede disminuir hasta en un 70 por ciento, «además de mejorar el sueño y el ánimo, algo que los calmantes por sí solos no logran», añade. Y sin efectos secundarios, «que serían en todo caso mínimos, como alguna infección, que se evita con las agujas estériles de un solo uso».
Dolores Caballero, médico acupuntora del Virgen de las Nieves, explica que «está más que comprobado que cuando se punzan los puntos específicos de acupuntura de manera adecuada suben en sangre los niveles de endorfinas, serotonina, ACTH y cortisol, que intervienen en los mecanismos del dolor y sobre los que actúan los analgésicos». Falta por aclarar que esos puntos se sitúen sobre una estructura física, «desconocemos la anatomía del canal que los une, pero con técnicas de contraste radiactivo se ha visto que el tecnecio 99 inyectado sigue el camino de los canales descritos en esta terapia milenaria». Caballero es partidaria de utilizar la acupuntura como primera opción y no sólo limitada al dolor, también en alergia, asma o incluso parálisis facial.
Natural no equivale a inocuo
Emilio Alba, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica, señala que desde su organización no están en contra de este tipo de terapias alternativas, en especial aquellas que no implican tomar ningún tipo de sustancia. «Estamos convencidos de que la acupuntura, el yoga o la meditación pueden ser positivas en pacientes con cáncer. Pero cuando se trata de tomar algún compuesto hay que consultar siempre al médico». Y es que, advierte Alba, la etiqueta «natural» no equivale a inocuo: «Hay sustancias vegetales que pueden interaccionar con fármacos. Incluso el pomelo o los antioxidantes, como la vitamina E, en altas dosis pueden contrarrestar el efecto de la quimio».
En el Hospital Carlos Haya de Málaga, Antonio Fernández, auxiliar técnico de enfermería de la Unidad Clínica de Salud Mental I, con 27 años de experiencia en psiquiatría, propuso a la Dirección un taller de taichi para pacientes con enfermedad mental grave como parte de su terapia.
Los resultados son positivos y se notan en «la mejora en la atención y psicomotricidad», dos aspectos difíciles de trabajar. Y además muchos de los que participan repiten, todo un logro cuando la desmotivación es la norma.
Reiki para trasplantados
Incluso el reiki, que regula la energía por imposición de manos, ha llegado a hospitales como el de Jerez o el Ramón y Cajal de Madrid. En este último una maestra en esta técnica trabaja con pacientes de hematología, trasplantados de médula ósea, oncología y pediatría dos veces por semana, en sesiones de 20 minutos. Un tercio de los usuarios lograron reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.
El presidente de la SEOM recuerda que «cuando la esperanza flaquea o tenemos un problema de salud severo se recurre a todas las alternativas posibles». Por eso es importante regular este tipo de terapias alternativas y exigirles fiabilidad. Sobre muchas de ellas se cierne la duda de si es el efecto placebo lo que las hace eficaces. Un efecto, por cierto, nada despreciable, que va más allá de la sugestión. El efecto placebo es capaz de movilizar los mismos mecanismos cerebrales que los antidepresivos, de ahí que a estos fármacos les sea tan difícil demostrar su superioridad frente al placebo.

jueves, 18 de marzo de 2010

EL LIMBO DE LA HOMEOPATÍA

(Extracto del reportaje publicado por LA VANGUARDIA, extraído del Boletín Informativo de Cofenat nº 21)

El auge de las terapias alternativas choca con su falta de regulación en España

Si hay un concepto con el que se puede definir la actitud frente a la homeopatía es falta de unanimidad. Para muchos, se trata de una práctica no avalada por la ciencia que por fundamentarse en principios naturales no tiene por qué ser inocuo, mientras que un grupo significativo de personas no sólo la apoya, sino que acuden a esta terapia alternativa con cierta regularidad.

En España sigue creciendo el interés por estas terapias. Según señala Assumpta Mestre, presidenta de la sección de homeopatía del Collegi de Metges de Barcelona, si “en el 2003 se estimaba que sobre el 15% se trataba o se había tratado con medicamentos homeopáticos, ahora la proporción alcanza el 30%”. Cifras similares ofrece la farmacéutica líder en medicamentos homeopáticos Boiron: un 38,8% de los que contestaron una encuesta en internet en el 2008 aseguraron que usaban estas medicinas.

A pesar del debate, la homeopatía llegó a finales del siglo XX a la universidad. En la actualidad, una decena de centros universitarios españoles ofrecen másters y posgrados a médicos y veterinarios. A esto hay que sumar la actividad de numerosos centros de todo tipo dedicados a la medicina alternativa que ofrecen formación a personal no sanitario.

El interés está ahí, como lo atestiguan los alrededor de 8.000 médicos –estimaciones de los colegios de Médicos o instituciones como la Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB) – que han recetado en alguna ocasión medicamentos homeopáticos.

De ellos, destaca tanto la doctora Mestre como el presidente de la AMHB, Manel Mateu, los pediatras y los médicos de familia encabezan las especialidades que se acercan con más frecuencia a esta terapia natural.

La polémica sobre la eficacia real de este tipo de terapias no está ni de lejos cerrado. Mientras, en España este tipo de terapias alternativas viven en un limbo normativo. Por lo pronto, un grupo de trabajo de los ministerios de Sanidad y Educación tiene encomendada la misión de estudiar cómo regular las terapias alternativas.

El grupo ya ha hecho un primer diagnóstico y ahora trabajan en su propuesta de normativa.

En todo caso, desde Sanidad insisten en “la necesidad de garantizar que en el uso de estas técnicas no exista riesgo, así como en la obligación de proporcionar información a los usuarios de ellos”.

Los médicos recuerdan que son los únicos con atribuciones para realizar un diagnóstico, lo que dejaría fuera a millares de prácticos, que carecen de formación reglada no sanitaria.

“Aunque hablo desde el escepticismo –aclara Cosme Naveda, coordinador del área de terapias médicas no convencionales de la Organización Médica Colegial (OMC)–, lo que está claro es que medicina no hay más que una y es imprescindible conocer cuanto antes qué padece un paciente”. “Cada vez hay más gente que acude a estas terapias y lo que pretendemos es que cuando vayan, sepan dónde están y que les va a atender alguien con un formación garantizada”.

“La homeopatía funciona, lo que no podemos demostrar todavía es cómo funciona, el poder de las dosis infinitesimales”, defiende María Teresa Bravo, directora del máster de Medicina Homeopática de la Universitat de Barcelona, en funcionamiento desde 1995. Bravo señala además que la esencia de la homeopatía –tratamiento individualizado a partir de un extenso historial clínico– complica especialmente la demostración científica.

Algunos estudios comparan desde hace años los resultados logrados por la homeopatía con los del placebo. Ante las acusaciones de ineficacia, Bravo contesta que “la medicina tradicional tampoco funciona en todos los casos. No se puede ser más exigente con la homeopatía”.

AEMPS autoriza la comercialización del medicamento homeopático pero no le reconoce indicación terapéutica alguna

Extraído del BOLETÍN INFORMATIVO de Cofenat nº 20 (marzo 2010)

En el reportaje La homeopatía, ¿quimera o ciencia?, publicado el pasado 6 de marzo, se atribuía a fuentes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) la siguiente frase en referencia al estatus de los medicamentos homeopáticos: "Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada con estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos".

Al respecto, la AEMPS quiere aclarar que los medicamentos homeopáticos pueden acceder al mercado a través de un procedimiento simplificado especial cuando garantizan debidamente la calidad y seguridad de su composición y de su proceso de fabricación.

En este caso, la AEMPS autoriza la comercialización del medicamento homeopático pero no le reconoce indicación terapéutica alguna, puesto que no la acredita de acuerdo con los estándares científicos que exige la AEMPS para demostrar la eficacia terapéutica.

La AEMPS sólo podría aceptar un medicamento homeopático con indicación terapéutica, en el caso de que acreditara, además de su calidad y seguridad, su eficacia, tal como sucede en el resto de medicamentos.

En el momento actual, los productos homeopáticos presentes en el mercado y comercializados desde antes de la entrada en vigor de la normativa que les exige su autorización como medicamentos, van a ser objeto de un proceso definitivo de evaluación y revisión por parte de la AEMPS.

Medicamentos homeopáticos (El País, 12/3/2010)

(Extraído de El País, 12/3/2010)

CRISTINA AVENDAÑO, (Directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).) - Madrid - 12/03/2010

En el reportaje La homeopatía, ¿quimera o ciencia?, publicado el pasado 6 de marzo, se atribuía a fuentes de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) la siguiente frase en referencia al estatus de los medicamentos homeopáticos: "Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada con estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos".

Al respecto, la AEMPS quiere aclarar que los medicamentos homeopáticos pueden acceder al mercado a través de un procedimiento simplificado especial cuando garantizan debidamente la calidad y seguridad de su composición y de su proceso de fabricación.

En este caso, la AEMPS autoriza la comercialización del medicamento homeopático pero no le reconoce indicación terapéutica alguna, puesto que no la acredita de acuerdo con los estándares científicos que exige la AEMPS para demostrar la eficacia terapéutica.

La AEMPS sólo podría aceptar un medicamento homeopático con indicación terapéutica, en el caso de que acreditara, además de su calidad y seguridad, su eficacia, tal como sucede en el resto de medicamentos.

En el momento actual, los productos homeopáticos presentes en el mercado y comercializados desde antes de la entrada en vigor de la normativa que les exige su autorización como medicamentos, van a ser objeto de un proceso definitivo de evaluación y revisión por parte de la AEMPS.

Homeopatía, de la creencia a la evidencia (El País, 14/3/2010)

En periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas. Los productos homeopáticos se aprueban sin estudios de eficacia

MILAGROS PÉREZ OLIVA 14/03/2010

"Homeopatía, ¿quimera o ciencia?" . Así se titulaba el reportaje publicado en la sección de Vida y Artes el pasado 6 de marzo. Aunque el subtítulo marcaba distancias al afirmar que "10.000 médicos en España prescriben productos de esta especialidad, cuestionada por científicos y facultativos", un considerable número de éstos se ha dirigido a la defensora para protestar. Según Manuel Collado, "con un tono de pretendida equidad, rigurosidad y lleno de opiniones expertas", se induce a pensar que la homeopatía es una alternativa médica avalada científicamente, cuando no es así. Seis folios plagados de citas me envía José Manuel Fernández Menéndez, médico, para rebatir un trabajo que "con la apariencia de un informe riguroso, ponderado y ecuánime, y desde una aparente distancia objetiva, da por buenas las más flagrantes falsedades". Por su parte, el catedrático Fernando Cuartero, subdirector del vicerrectorado de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha, me pide que investigue esas falsedades.

Así lo he hecho. He de decirles, en primer lugar, que el autor del reportaje, Josep Garriga, ha trabajado a fondo el tema y se ha documentado extensamente. Si el resultado es criticable, no es desde luego por falta de esfuerzo. "Era consciente de que me metía en un terreno resbaladizo y pantanoso que no deja a nadie indiferente. Por este motivo, no me extrañó el extenso y riquísimo debate que el artículo generó en ELPAIS.com, con más de 600 comentarios a favor y en contra, y las innumerables cartas al director que se han recibido", explica. "Preparé el reportaje durante casi un mes y admito que no conocía nada sobre este tema, pero tenía varias cosas claras. Primera, debía hablar con ambas partes, partidarios y detractores. Segunda, no adoptaría ninguna conclusión, sino que debería ser el lector quien llegara a ella. Y tercera, sólo hablaría con licenciados en medicina especializados en homeopatía".

Garriga no está de acuerdo con algunos lectores muy incisivos, "que comparan la homeopatía con la brujería, la quiromancia o la imposición de manos". Y lo argumenta así: "Nada menos que seis universidades españolas de indudable prestigio realizan o han realizado másteres en homeopatía; el Colegio de Médicos de Cataluña tiene una sección sobre homeopatía y la Organización Médico-Colegial (OMC) considera su práctica un acto médico. Y aunque la homeopatía carezca de evidencia científica, la propia Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria la recomienda para nada menos que 30 patologías. Incluso un Nobel de Medicina como Luc Montagnier, a quien entrevisté personalmente en Barcelona, la avala en los términos que cito en el texto".

Garriga sí reconoce un error, que lectores como Manuel García Alonso, Xavier Cugat y Fernando Frías consideran grave, pues ampara la conclusión final del artículo, que es la siguiente: "Pero convenza o no, la homeopatía cuenta cada día con mayor número de adeptos, no sólo entre los pacientes sino entre los médicos. El número de pediatras que optan por estos tratamientos se ha disparado (...) sobre todo por el perfil de seguridad de los medicamentos".

El error está en la última frase: "Y sí, son medicamentos, no chuches, según todas las directivas europeas y la Agencia Española del Medicamento. Como tal se venden en las farmacias. 'Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada en estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos', comentan representantes de la Agencia Española de Medicamentos. Si no, no estarían en el mercado", concluye el artículo.

Pues no, no es así, como se ha encargado de aclarar Cristina Avendaño, directora de la citada agencia, en un escrito a EL PAÍS . Ninguno de los productos homeopáticos que se venden en las farmacias españolas ha demostrado eficacia en ensayos clínicos ni estudios científicos acreditados. Estos productos han accedido al mercado por una vía excepcional en la que sólo se les exige pruebas de seguridad y de calidad en la composición. Por eso no se les reconoce indicación terapéutica alguna, pues para ello tendrían que demostrar su eficacia con estudios científicos acreditados.

Un examen de los correos que mantuvo Josep Garriga y el portavoz de la agencia indica que el error estuvo inducido por la forma en que ésta facilitó la información al redactor, pero la consulta de un mayor número de fuentes ajenas a la homeopatía podría tal vez haberlo evitado. Varios lectores lamentan que el artículo no cite el editorial de la revista The Lancet, de agosto de 2005 , en el que, tras la revisión de más de 100 artículos científicos, concluye que la homeopatía no ha demostrado ser más efectiva que un placebo. Parecidas conclusiones pueden encontrarse en las revisiones realizadas por la Cochrane Lybrary.

Victor Luque Martín pregunta en qué fuentes se basa el autor para afirmar que cada vez más médicos prescriben fármacos homeopáticos. El artículo no los aporta. Algunos lectores critican además que se haya dado credibilidad a la teoría de que el agua en la que se diluyen las sustancias activas de la homeopatía conservaría sus propiedades incluso cuando ya no quedara en ella, tras el proceso de dilución, ninguna molécula de las mismas. Y cuestionan que Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina, haya podido dar apoyo científico a esa teoría: "De creerle deberíamos tirar a la basura el conocimiento de física y química de los últimos 500 años. Uno esperaría que un descubrimiento tan revolucionario apareciera en la portada de Nature o Science", dice Rodrigo J. Carbajo, del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia.

Ignacio García-Valino señala que Montagnier no ha publicado semejante teoría en ninguna revista científica acreditada y remite a la página de Science-BasedMedicine -http://www.sciencebasedmedicine.org/?p=2081- para aclarar el entuerto. Allí se dice que Montagnier es coautor de un estudio que nada tiene que ver con la homeopatía y que lo único que indica es que ha observado cierta capacidad de producir ondas electromagnéticas de baja frecuencias en procesos de dilución en agua.

Más allá de los errores concretos, el artículo presenta un problema de planteamiento general: en periodismo científico no cabe la equidistancia entre teorías demostradas y teorías por demostrar. Lo expresa bien un escrito de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico remitido por Ismael Pérez Fernández : "Bajo la apariencia de un texto periodístico imparcial y objetivo, termina ensalzando la homeopatía como un tratamiento que, en general, funciona aunque no se conozca su modo de actuación (...). Se trata de un patinazo seudocientífico fruto de una falacia periodística muy frecuente en nuestros tiempos, según la cual si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra cuadrada y hueca, hay espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La tierra, ¿esfera o cubo?".

Éste es, en mi opinión, el meollo del problema. Para evaluar la veracidad y pertinencia de las teorías sobre las que informa, el periodismo científico necesita aplicar mecanismos de verificación y control de calidad. Los diarios rigurosos suelen adoptar el sistema de validación del que se ha dotado la propia comunidad científica: para dar credibilidad a una teoría, es preciso que haya sido publicada en una revista de prestigio, dotada de un sistema de revisión por pares (peer review).

Si el periodismo de versiones tiene los desastrosos efectos que vemos en el ámbito de la política, en el de la biomedicina las consecuencias pueden causar graves daños. No cabe la equidistancia entre la ciencia y lo que no lo es. Entre la medicina basada en la evidencia y una disciplina que no ha superado los requisitos de evaluación del método científico, por mucho que el autor del reportaje, los responsables de la sección que lo supervisaron y esta misma defensora conozcamos a mucha personas que, habiéndose sometido a la homeopatía, aseguran haber mejorado de sus dolencias. Una cosa es la percepción y otra la demostración. Y tampoco es lo mismo un catarro que una neumonía.

Los médicos que la aplican merecen todos los respetos, pero la evidencia científica no es una cuestión de opiniones, y si se busca el rigor científico, no se puede tratar igual a lo que es manifiestamente diferente ni dar la misma autoridad a quien no la ha acreditado en la misma medida.

La homeopatía, ¿quimera o ciencia? (El País, 6/3/2010)

(Extraído de El País, 6/3/2010)

Casi 10.000 médicos en España prescriben productos de esta especialidad, cuestionada por científicos y facultativos

JOSEP GARRIGA 06/03/2010

La cebolla (Allium cepa) constituye uno de los ingredientes base para un buen sofrito. Pero también puede curar un resfriado común. La tinta de la sepia (Sepia officinalis) es imprescindible para un exquisito arroz negro, pero está recomendada para trastornos hormonales, menopáusicos y menstruales.

La cebolla (Allium cepa) constituye uno de los ingredientes base para un buen sofrito. Pero también puede curar un resfriado común. La tinta de la sepia (Sepia officinalis) es imprescindible para un exquisito arroz negro, pero está recomendada para trastornos hormonales, menopáusicos y menstruales. Y el azufre (sulphur) no sólo sirve para matar el oídio -un hongo de la vid-, sino también para curar enfermedades de la piel. Y así un largo etcétera. Nada menos que 3.000 sustancias de origen vegetal, animal y mineral utiliza la homeopatía para curar patologías, sean leves, graves o crónicas.

¿Por qué escribir curar en cursiva? Pues sencillamente porque hay científicos y médicos a quienes esto de la homeopatía -como terapia o terapéutica natural- les parece una patraña. El Parlamento británico, por ejemplo, dictaminó en febrero que el único efecto curativo era el del placebo. Pero, además, nadie ha demostrado la vía por la cual esas bolitas -como anises- interaccionan en el organismo y llegan a variar el curso de una enfermedad. Si es que la varían y si es que interactúan, porque la homeopatía despierta filias y fobias, y suscita maniqueas opiniones. O se defiende a ultranza (en Reino Unido y Francia está incluida en la sanidad pública) o se denuesta. No hay término medio. Como mucho, puede encontrarse algún facultativo inusualmente escéptico.

La medicina homeopática se basa en el principio de similitud, es decir, una misma sustancia responsable de determinados síntomas también puede aliviarlos o neutralizarlos, siempre y cuando se administre de forma correcta (Lo semejante, con lo semejante se cura). Por ejemplo, la cebolla provoca lagrimeo e irritación de garganta, pero aligera un resfriado común. La cafeína produce insomnio o taquicardias, pero también puede inducir un ritmo cardiaco normal. Esta reacción se debe a la presencia en los medicamentos de esa sustancia en dosis infinitesimales, que se obtienen mediante procesos denominados de potenciación o dinamización (varias sacudidas de la dilución). Pero el origen de la polémica sobre su eficacia radica en que la dilución es tan acusada que a veces no queda ni una sola molécula de ese principio activo original. Por esta razón, Joan Ramon Laporte, jefe del servicio de farmacología del hospital de Vall d'Hebron de Barcelona, se refiere a los medicamentos homeopáticos como "la medicina del agua". "Para comenzar, no contienen nada porque la concentración del supuesto principio activo es infinitesimal. Y si dividimos por infinito, el resultado es nada. No hay un principio activo que desencadene una respuesta fisiológica en el organismo que mejore su estado de salud", concluye.

Sin embargo, Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina en 2008 por haber descubierto el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), no comparte esta opinión: "Se ha observado que ciertas diluciones dentro del agua en las que no queda materia sí registran, en cambio, vibraciones. Esta dilución puede reconstruir la información genética de la materia. Una información instructiva de la que la homeopatía no puede olvidarse, a pesar de que muchos críticos dicen que no hay nada. Pero sí hay algo. Nosotros hemos demostrado que hay estructuras en el agua que son inducidas por vibraciones electromagnéticas".

A raíz de este descubrimiento, los médicos homeópatas sostienen que la reacción que se origina en el organismo no es química, como sucede con los medicamentos alopáticos, sino de carácter físico, pero siguen sin aclarar cómo actúa. "Los estudios científicos que se han presentado y que demuestran que la homeopatía tiene un efecto superior al del placebo evidencian que eso es así, que nuestro organismo reacciona al medicamento. Hemos demostrado que el principio de similitud existe y funciona", rebate Assumpta Mestre, que dirige la sección de homeopatía del Colegio de Médicos de Cataluña.

Pero Montagnier añade: "¿Física o química? Es más complicado. Pero es verdad que se puede explicar el efecto de los medicamentos después de la dilución por el hecho de que la estructura del agua puede seguir representando a la molécula. El agua puede conservar la forma y la información del principio activo de la molécula". Una teoría que explicaría la influencia sobre el organismo de esa sustancia primitiva, aunque no quedara ni una sola molécula del original.

"Los mecanismos de acción de los medicamentos homeopáticos son muy variables. Lo que conocemos sobre cómo actúa la aspirina es muy distinto de lo que sabíamos 30 años atrás. Lo importante es que cure, cómo lo consigue la sustancia es secundario", añade Antonio Marqués, también médico homeópata con consulta en Canarias. Por el contrario, Joan Ramon Laporte responde: "Encontrar en el lugar de un asesinato la huella de un pie puede darte información sobre el tipo de zapato o el peso del individuo, pero no demuestra que haya sido el asesino. En homeopatía, igual: una persona puede curarse por simple cálculo estadístico, pero no demuestra que haya sido gracias a lo que ha tomado".

En España se calcula que 3.000 médicos de atención primaria, 2.000 pediatras y 4.600 facultativos de otras especialidades prescriben medicamentos homeopáticos. "Hace 20 años que me dedico a la homeopatía. Soy licenciada en Medicina y no paro de ampliar mis conocimientos en este campo. ¿Usted cree que si no tuviera evidencias y pruebas de su eficacia me habría pasado dos décadas ejerciéndola? Por Dios, soy médico, no una bruja con mis bolitas", se defiende Maite Bravo, que dirige los másteres de homeopatía en la Universidad de Barcelona, unos estudios de dos años que se iniciaron en 1995 y que requieren 320 horas lectivas y 140 de prácticas. Sólo pueden matricularse médicos, veterinarios o estudiantes de Medicina del último curso. También ese año empezaron a impartirse los másteres en la Universidad de Sevilla, de 500 horas lectivas.

¿Tanta formación para una terapia que algunos vilipendian? "Pues sí, la gente que critica la homeopatía lo hace por puro desconocimiento. Nosotros trabajamos con 3.000 medicamentos, de los cuales usamos con más frecuencia entre 250 y 300, porque cada individuo requiere un tratamiento personalizado. Si no, no funciona", agrega Bravo.

Un homeópata dedica a sus pacientes una media de 60 minutos por visita porque su objetivo es encontrar el origen real de su enfermedad y muchas veces no es de carácter físico, sino psicológico, de su fuerza vital. "Una enfermedad no es un hecho aislado, se ha de conocer muy bien al enfermo", explica Bravo, quien reconoce que los médicos tradicionales también curarían más a sus enfermos en los ambulatorios si les concedieran 30 minutos en vez de los 5 o 10 habituales.

La Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria ha elaborado una guía en la que recomienda las terapias homeopáticas para 30 patologías diferentes. Por ejemplo, síndromes gripales, infecciones de las vías respiratorias, fibromialgia, fatiga crónica, otitis, asma, depresión o insomnio. Incluso se asegura que en el caso de infecciones por VIH se produce un aumento de los CD4 y de los linfocitos T. La guía asegura que estos medicamentos tienen escasos efectos secundarios, pero advierte de que sólo pueden ser prescritos por personas licenciadas en Medicina y formadas en homeopatía.

Se trata tan sólo de una recomendación, porque España carece de normativa sobre el ejercicio de la homeopatía, al contrario de lo que sucede en Francia, Alemania y Reino Unido donde está incluida en la sanidad pública y existen hospitales específicos. En España sólo se reconoce la homeopatía como acto médico. Primero fue el Congreso de los Diputados, en septiembre, el que lo aprobó por unanimidad. Tres meses después, la Organización Médica Colegial (OMC) tomó la misma decisión. "La homeopatía requiere un diagnóstico previo, una indicación terapéutica y ser realizada por personal especializado y en centros sanitarios debidamente autorizados", apunta Cosme Naveda, coordinador del área de terapias médicas no convencionales de la OMC. Naveda se define como un escéptico, "yo no me dedico a esto, visito en un ambulatorio, pero en medicina se puede hacer daño al paciente por acción u omisión. En homeopatía seguro que no por acción, porque no hay efectos secundarios, pero si no se realiza un diagnóstico claro, se puede entretener el problema y demorar su tratamiento".

Cataluña ha sido la única comunidad que se ha atrevido a regular el ejercicio de las terapias naturales, incluida la homeopatía, pero el Tribunal Superior de Justicia tumbó el decreto en junio de 2007 por invasión de competencias del Gobierno central. La Academia Médico-Homeopática de Barcelona recurrió la norma porque facultaba a cualquier persona, sin ser médico, para ejercer esta especialidad una vez demostrada su formación. En la sentencia, los jueces escribían: "No les falta razón a los recurrentes cuando afirman que el decreto supone autorizar a personas que no son licenciadas en Medicina para que puedan recetar medicamentos homeopáticos previo al diagnóstico de enfermedades".

Josep Davins, subdirector de Recursos Sanitarios de la Generalitat, explica que los facultativos entendieron mal la normativa, porque "no se pretendía regular la práctica médica, sino la no médica, y combatir el intrusismo. Queríamos proporcionar seguridad a los ciudadanos".

El Ministerio de Sanidad constituyó en abril de 2008 una comisión con las comunidades autónomas para tratar de legislar sobre el ejercicio de las terapias naturales de forma armónica. Pero son tan heterogéneas las prácticas (homeopatía, acupuntura, osteopatía, plantas medicinales, etcétera) que por ahora la comisión sólo ha recopilado la legislación europea sobre el asunto. En Francia y en Alemania la homeopatía está reservada exclusivamente a los médicos y en Reino Unido hay cuatro hospitales homeopáticos en la red pública (Londres, Bristol, Liverpool y Glasgow). No obstante, en febrero, una comisión del Parlamento británico conminó al Gobierno a retirar los 4,5 millones de euros que le cuesta al servicio nacional de salud esta medicina alternativa, por considerar que la homeopatía carece de consistencia médica. Pero el Gobierno laborista británico se niega a ello. "Aquí, en España, si estuvieras ingresado en un hospital y pidieras un tratamiento homeopático, te darían el alta en dos minutos", se queja Bravo. "¿Cuántos años estuvo la humanidad sin saber por qué caían las manzanas hasta que Newton lo explicó? Pues aquí lo mismo", agrega Assumpta Mestre.

Pero, convenza o no, la homeopatía cuenta cada día con mayor número de adeptos, no sólo entre los pacientes, sino también entre los médicos. El número de pediatras que optan por estos tratamientos se ha disparado en los últimos años, sobre todo por el perfil de seguridad de los medicamentos y la facilidad de administrarlos. Y sí, son medicamentos, no chuches, según todas las directivas europeas y la Agencia Española del Medicamento. Como tal, se venden en las farmacias. "Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada con estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos", comentan representantes de la Agencia Española del Medicamento. Si no, no estarían en el mercado.