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Andrés Guerrero Serrano
-Homeópata-

miércoles, 29 de enero de 2014

La importancia de la salud intestinal

(Extraído de revistauh.es)

Todos los tejidos de nuestro organismo dependen del intestino.

Tres cuartas partes de nuestro sistema inmune están localizadas en nuestro sistema digestivo.

En nuestro intestino se producen los mismos neurotransmisores que en el cerebro como la serotonina y dopamina con la consecuente influencia en nuestros organismo.

Nuestro sistema gastrointestinal a través de los diferentes procesos de la digestión nos aporta el agua, electrolitos y los diferentes elementos nutritivos que hacen posible la vida, a lo largo de nuestros intestinos y por medio de los diferentes jugos digestivos y enzimáticos generados por el páncreas, hígado e intestinos se produce el proceso de transformación del alimento que aportará los elementos asimilables a nuestras células. Una vez realizada la digestión la sangre cargada de diferentes nutrientes (monosacáridos, aminoácidos)  irá de los intestinos al hígado a través de la vena porta para que éste los metabolice. Si esta sangre se encuentra cargada de tóxicos provenientes del intestino por diferentes causas (ejemplo disbiósis que explicaremos más adelante) sobrecargarán el hígado dificultando sus múltiples funciones, que en un intento de limpieza parte de estas toxinas irán hacia la bilis donde se volcarán a un colon intoxicado y muchas serán de nuevo reabsorbidas creando un ciclo de autointoxicación.

Para que nuestras células puedan nutrirse correctamente se necesita que las mucosas que recubren el sistema digestivo y la flora intestinal que puebla nuestros intestinos se encuentren en buen estado.

La flora intestinal de nuestros intestinos pesa alrededor de un kilo y medio, estas bacterias entre las muchas funciones que realizan cabe destacar:  previenen el crecimiento de microorganismos patógenos, producen sustancias antimicrobianas, descomponen toxinas, potencian el sistema inmune, sintetizan diferentes vitaminas, absorción de oligoelementos, ayudan al mantenimiento y desarrollo de la integridad de la mucosa digestiva intestinal, inhiben el crecimiento de cándidas, favorecen la síntesis de anticuerpos y desarrollan un papel importante en la absorción del calcio, magnesio y el hierro.

Una alteración en cantidad y/o calidad de la flora intestinal es lo que se denomina disbiosis intestinal. Como factores que predisponen a esta disbiosis nos encontramos los siguientes:  una dieta incorrecta o inadecuada con una ingesta alta de proteínas y grasas animales, lácteos, azúcar, café, alcohol, tabaco, refrescos carbonatados, todo tipo de drogas químicas, exceso de hidratos de carbono refinados (pan, bollería, pasta) una insuficiente masticación, mala combinación de alimentos, beber agua del grifo el cloro perjudica la flora, falta de nutrientes, contaminación ambiental, estrés excesivo o mal gestionado, déficits de enzimas digestivas, enfermedad celíaca, déficit de ácido clorhídrico, estreñimiento, el envejecimiento,  sedentarismo,  infecciones intestinales como parásitos, hongos, bacterias, la toma de diferentes tipo de medicamentos como los corticoides, la píldora anticonceptiva y antibióticos que van a mermar la flora intestinal quedando expuesto a la proliferación de diferentes bacterias u hongos como por ejemplo la temida cándida.

Las consecuencias de la disbiosis son:

Un aumento de la permeabilidad intestinal permitiendo la entrada de toxinas, patógenos, antígenos, alimentos mal digeridos. Alteración del sistema inmune intestinal GALT.  Una sobrecarga hepática produciendo una intoxicación progresiva.

Las consecuencias con el paso del tiempo son implacables, un debilitamiento de la salud y un envejecimiento prematuro debido a desordenes inmunitarios y a procesos inflamatorios que dificultarán la absorción de todos los elementos nutritivos provocando un déficit de diferentes tipos de nutrientes.

La lista de enfermedades que pueden ser secundarias a una disbiosis y un intestino permeable no tiene fin, inflamatorias, autoinmunes, alérgicas, psicológicas etc.. todas ellas en mayor o menor medida se verán mejoradas por un saneamiento intestinal.

Para revertir esta situación de disbiosis se deben llevar a cabo diferentes tipos de actuaciones, en primer lugar identificar y eliminar las posibles causas (fúngica, bacteriana, parásitos, toma de medicamentos, alcohol, gluten, lácteos) se encuentran entre las más comunes.

El Doctor Michael D.Gherson en su libro adopta el término de segundo cerebro refiriéndose al  sistema nervioso entérico que habita en nuestros intestinos, nos explica como el intestino fabrica y almacena los mismos neurotransmisores que operan en el cerebro. Sirva como ejemplo que el 95% de la serotonina neurotransmisor que controla el estado de ánimo, el sueño, el impulso sexual, el apetito entre otras funciones, es creada y almacenada en el intestino. Una carencia de este neurotransmisor puede producir depresión, ansiedad, irritabilidad, problemas de sueño, control de la temperatura corporal.

Actualmente tenemos métodos de diagnóstico para poder hacer un estudio de la flora intestinal e identificar los diferentes patógenos y la posible existencia de una permeabilidad intestinal. En segundo lugar una vez identificado el causante erradicarlo con los diferentes productos indicados para cada caso, en tercer lugar una limpieza intestinal y posterior tratamiento de la inflamación de la mucosa y repoblación de la flora bacteriana con Lactobacilos y Bifidobacterias serán muy útiles.

Un cambio de dieta progresivo debe ser la piedra angular de todo tratamiento, evitando o disminuyendo según el caso el consumo de carnes rojas, embutidos, lácteos, azúcar, alimentos con conservantes colorantes etc..  Alimentos elaborados de harinas con glúten (pan, galletas, bollos, pizzas etc..) alcohol, vinagres, zumos y bebidas industriales carbonatadas, disminuir los fritos. Y por el contrario aumentar el consumo de verduras (zanahorias, nabos, remolacha fresca, repllo, coles de bruselas, brócoli, coliflor, apio, lechuga, cebolla, ajo, acelgas, puerros, hinojo, pepino, calabacín) en todos los platos que comamos deberian de estar presentes. Utilizar proteínas vegetales como las legumbres, frutos secos, algas. También es conveniente no abusar de las solanáceas como los pimientos, patatas, berenjenas, tomates por su contenido en solanina sustancia que elimina el calcio circulante en sangre. Utilizar a menudo casi diariamente, arroz integral y mijo alimentos muy energéticos, alcalinizantes ricos en proteínas y minerales. Tomar pescado azul por su contenido en Omega 3. Consumir un agua de calidad evitando la del grifo. Aumentar el consumo de frutas estacionales.

Suplementos útiles que se pueden utilizar dependiendo de cada caso;

Para una limpieza intestinal existen diferentes productos y protocolos pero los más usuales son:  la cáscara de semilla de psyllium, aloe vera, clavo, hibisco, pectina de manzana, cáscara sagrada, semillas de hinojo, cúrcuma, peróxido de magnesio.

Como remedios desparasitantes y antifúngicos existen varios destacamos:  la tintura de nogal negro, el clavo, ajenjo, ajo, papaya, semillas de calabaza, ácido caprílico, pau d`arco, aceite de orégano, yodo lugol, extracto de semilla de pomelo, sello de oro.

Para la repoblación buscar un buen producto con las cepas Lactobacillus y Bifidobacterium principalmente, también es de ayuda el Aloe vera que ayudará a desinflamar, desintoxicar y alcalinizar el organismo.

Y por último restablecer los niveles de minerales y vitaminas que en cada caso sean necesarios y con ello reponer las carencias y fortalecer el sistema inmune:  el zinc, magnesio, manganeso, hierro, selenio, Vitaminas A, todas las vitaminas del grupo B, vitamina C, vitamina D y vitamina E. Ácidos grasos poliinsaturados Omegas 3.

Antonio Campos

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