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Andrés Guerrero Serrano
-Homeópata-

domingo, 5 de junio de 2011

TÓPICOS Y SEMBLANZAS/Américo Fernández

(Extraído de Correo del Caroní)

04 de junio 2011

El brujo Yaguarín

Durante la última década del siglo diecinueve y parte del veinte, un brujo de La Canoa, caserío rural de Soledad, dominó la parte supersticiosa de la sociedad bolivarense. Se llamaba Juan José Yaguarín, o simplemente el “Brujo Yaguarín” famoso porque virtualmente lo curaba todo con un preparado de Alcornoque y raíces de Arestín acompañado de ciertas oraciones. Según testimonios de la época, Yaguarín falleció en febrero de 1918 a la edad de 80 años y era un verdadero realizador de milagros en el oficio de la curandería por arte de encantamiento. Yaguarín no cobraba y su fama se extendió por todo el país. Lo sustituyó su ayudante Antonio Guatarrama, a quien instruyó en el conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas.
En Tumeremo, enero de 1918, un charlatán usurpó el nombre de Yaguarín y fue policialmente detenido, acusado de haber estafado a numerosas personas con una terapia botánica que nunca llegó a ser efectiva.
La Federación Médica Venezolana tradicionalmente ha combatido la brujería y la curandería en general y no reconoce especialidades sin soportes científicos comprobados. En 1984, su presidente, doctor Amadeo Leyba Ferrer, amenazaba con pasar al Tribunal Disciplinario, de acuerdo con el Código de Deontología Médica y propia Ley de Ejercicio de la Medicina, a aquellos médicos “que se publiciten como practicantes de la homeopatía, la acupuntura, la iridología y la medicina naturista”, considerados como ramas de la llamada Medicina Alternativa al igual que el Yoga y la Bioenergética. A esta última se están dedicando algunos psiquiatras así como hay médicos practicando la acupuntura y otros que están sustituyendo los fármacos por medicamentos naturistas.
Lo cierto es que debido al alto costo de las consultas médicas, la mala atención en los hospitales y el alto precio de los medicamentos, se observa un vuelco de la población hacia la medicina a base de productos naturales, bien, prescriptos por verdaderos profesionales de la medicina o por brujos de cierta fama como los casos ayer de Yaguarín en La Canoa y de Abilio en el kilómetro 88.
Mi vecina que agotó todos sus recursos acudiendo a la medicina científica tratando de encontrar cura efectiva para el asma de su niño, ahora nos dice que le va bien con la receta de un brujo naturista que le indicó sábila mezclada con jugo de limón y miel. Un deportista nos confesó haber ayudado a un amigo a mejorar su artritis con un tipo de arte marcial llamado Shiatsu mientras un campesino de nombre Julio Guevara, asegura haberse curado con Mapurite, no el animalito sino la planta llamada también Anamú.
Dado que últimamente el mercado ha sido saturado de productos naturales, unos con fines cosméticos, otros con fines ceremoniales folclóricos y los más con fines terapéuticos, autoridades sanitarias han advertido que tales productos, si no figuran en la farmacopea venezolana, sólo podrán ser vendidos en establecimientos distintos a los farmacéuticos, en forma original, ya contengan una sola especie botánica o mezcla de plantas o de partes de ellas, así como también en forma de extractos, tinturas, destilados, infusiones, decocciones y polvos solubles, una vez obtenido el registro sanitario.
La práctica de la brujería en Venezuela es libre, se tolera, y el Código Penal no la contempla ni como delito ni como falta. Sin embargo, puede ser castigada cuando se comprueba que con ella se ha sorprendido la buena fe de la gente. En este caso, la Policía puede allanar centros de brujería donde se estafe a la gente incauta y se le exponga al riesgo de intoxicaciones mediante la ingestión de brebajes y pócimas de presuntos efectos milagrosos.

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